¿Por qué no me creen? (Reseña)
- estradashauri09
- 7 mar 2025
- 11 Min. de lectura
El libro es un trabajo periodístico, escrito por T. Christian Miller y Ken Armstrong, sobre los casos de mujeres víctimas de un violador en serie en Estados Unidos, así como el indignante proceso por el que se vieron obligadas a pasar tras la denuncia.

El libro aborda no solo las agresiones a las mujeres, sino la ineficiencia y la falta de profesionalismo de la policía atendiendo los casos; especialmente el caso de Marie, quien sufrió más al verse obligada a relatar la agresión en repetidas ocasiones y al ser presionada y tratada como sospechosa por la policía.
Esta reseña revela detalles del libro y menciona detalles que no son aptos para todo público. Por supuesto, en un marco de empatía y respeto, por lo que debe leerse bajo las mismas condiciones.
Los autores reconstruyen la historia del caso de Marie y de la investigación para encontrar al presunto culpable. Leer este libro es doloroso; los casos de Marie y de las otras víctimas son indignantes y tristes, llenan de rabia. Saber que lo más común es no aprehender al responsable me llena de rabia, dolor y horror. Lo usual, es que no haya arresto, que la investigación no culmine en justicia para las víctimas.
En el camino de leer este libro me inspiré, me sentí orgullosa de la valentía de Marie y del resto de mujeres que comparten con ella una herida, también me sentí triste, furiosa, indignada; verdaderamente te adentras en la historia.
Ni la historia de Marie, ni ninguna otra debe ser olvidada; reconozcamos nuestro fallo como sociedad y trabajemos en mejorar para no volver a cometer errores tan fatales que permiten que la violencia contra las mujeres siga impune, que la investigación se vea tan entorpecida. Exijamos la capacitación adecuada de aquellas personas encargadas de realizar estos difíciles procesos, por supuesto, no olvidemos que es y será siempre un millón de veces más difícil para la víctima.
"Aquello no inquietaba a Galbraith: sabía que el universo de mujeres violadas era idéntico al universo de mujeres en general. Podían ser madres, adolescentes o prostitutas; vivir en mansiones o albergues para indigentes; ser vagabundas o tener esquizofrenia; ser negras, blancas o asiáticas; estar borrachas e inconscientes o completamente sobrias. Y podían reaccionar de mil formas distintas ante el mismo delito: ponerse histéricas o abstraerse; contárselo a una amiga o guardar el secreto; llamar a la policía de inmediato o esperar semanas, meses e incluso años."
A menudo se pone en duda la credibilidad de la víctima por su reacción ante la agresión y el trauma. Sin embargo, no existe regla sobre cómo se debe reaccionar ante una violación. Cada víctima puede vivirlo de manera diferente y denunciar o hablar sobre ello tarde o temprano, de una manera u otra. Cada víctima es un caso diferente, y no se le debe juzgar por su reacción o su manera de abordar su experiencia.
"Muchos oficiales evitaban los delitos sexuales siempre que podían. No eran casos de alto perfil como los homicidios"
A pesar de que la violación era uno de los delitos violentos más habituales, no existía un consenso sobre la mejor forma de resolver los casos.
"Los investigadores especializados en agresiones sexuales habían establecido un rango: entre el 2 y el 8% de las acusaciones de violación eran falsas. Sin embargo, dicho rango estaba vinculado a una condición específica: solo incluía las acusaciones en que la policía lograba demostrar que la mujer había mentido deliberadamente."
En repetidas ocasiones hemos escuchado decir de una denuncia que podría ser falsa, de inmediato se pone en duda la credibilidad de la víctima. Sin embargo, antes de definir una denuncia como falsa, debe ser explícitamente comprobada, no buscar descartar la denuncia como primera opción.
"<<Las investigaciones demuestran que, cuanto más íntimo es el delito, más gente se centra en el comportamiento de la víctima. Y, por supuesto, no hay delito más íntimo que la agresión sexual>>."
Uno de los más grandes errores en el caso de Marie, y que desencadenó una serie de eventos horribles y dolorosos para ella, fue que la policía la interrogó como sospechosa, en lugar de tratarla siempre como víctima.
El caso de Marie
Marie se encontraba durmiendo en su departamento cuando un hombre irrumpió, amenazando con un cuchillo, violento, que le pidió que se pusiera boca abajo. La ató y la vendó. La amordazó y le ordenó volver a girarse. La tocó, la violó y le tomó fotografías.
Antes de irse, el agresor la obligó a darse un baño de vente minutos, para eliminar huellas y evidencia de la violación.
Marie se vio obligada a relatar lo sucedido en repetidas ocasiones; la primera, a la policía, tras denunciar la violación.
El relato de Marie tenía inconsistencias, lo que llevó a los agentes encargados de atender su caso a dudar de su credibilidad, cuestionándola y desestimando sus declaraciones repetidamente.
"(...) sabía de sobra que las personas que viven episodios traumáticos suelen presentar recuerdos alterados. Muchas ya no recuerdan los acontecimientos en orden cronológico. Los traumas pueden alterar el cerebro (...) En esos segundos terroríficos, el subidón de adrenalina y cortisol crea una alquimia violenta. La mente se convierte en una testigo vacilante de su propia experiencia, los acontecimientos se desvinculan del momento en el que ocurren, los recuerdos quedan enterrados. Las imágenes pueden resurgir días, meses o incluso años después, inesperadas e indeseadas, con una nitidez extraordinaria, como el paisaje iluminado de repente por un rayo."
Al principio, Marie no recordaba la parte del baño. Tampoco estaba segura de los detalles de los hechos o el orden en el que se llevaron a cabo.
Conforme le preguntaban, recordaba cosas diferentes, lo que fue razón para los detectives para mostrarse escépticos.
A Marie la llevaron al hospital, en donde le pidieron que describiera la agresión, le realizaron diferentes pruebas para recolectar datos ADN del agresor y de enfermedades e infecciones como VIH, gonorrea, hepatitis, clamidia, entre otras, y se le administraron medicamentos y un anticonceptivo de urgencia. La fotografiaron y le pidieron notificar si presentaba sangrado excesivo, flujos vaginales anómalos o si dejaba de menstruar. Este largo proceso es altamente demandante para la víctima, física y psicológicamente.
Los policías que interrogaron a Marie le mintieron para presionarla al relatar los hechos. Le dijeron que dos personas dudaban de su versión de los hechos. Su madre adoptiva y su amigo más cercano.
Para los policías, estaba claro que Marie mentía sobre la violación. Sin leerle la advertencia Miranda (su derecho a un abogado y a guardar silencio), le pidieron a Marie que escribiera la historia real, admitiendo que había mentido, que había cometido un delito. Marie escribió en la hoja que soñó la violación. Cuando los policías le preguntaron por qué no escribió que inventó la historia, Marie respondió, llorando, que creía que la habían violado de verdad.
La credibilidad de Marie se vio cuestionada a cada paso, lo que la llevó a cuestionarla ella misma. Al no presidir de sus recuerdos, verse presionada, cuestionada y tras el intenso y difícil proceso tras la denuncia, y, por supuesto, tras la atroz agresión que sufrió, Marie cedió a lo que la policía y otras personas ignorantes demandaban, desde su privilegio, pues ninguna de las personas que la cuestionaron había sufrido de una violación.
"Las prioridades de la policía eran un reflejo de la opinión pública: la gente de la calle, que no formaba parte de los cuerpos de seguridad, no quería hablar de agresiones sexuales."
Marie sufrió la soledad de ser incomprendida y no contar con la confianza de sus seres queridos, pues incluso su madre adoptiva confesó que dudaba de la veracidad de la violación.
Marie había dicho que mintió sobre la violación. Una denuncia falsa es un delito, por lo que Marie podría perder su casa. Así que cuando Marie volvió para retractarse, dijo que quería hacer la prueba del detector de mentiras. Uno de los policías, Rittgarn, le respondió que, si le hacía el polígrafo y no lo pasaba, la mandaría directo a la cárcel.
Marie dio marcha atrás, vacilante, asustada ante la amenaza de la cárcel, de perder su casa. Marie se enfrentaba nuevamente a la condescendencia y el escepticismo de la policía.
A Marie le impusieron un toque de queda y duplicaron sus citas con los coordinadores. Marie comenzó a recibir llamadas de amigos y antiguos compañeros de clase. Tras el anuncio de la policía de que Marie había mentido, su mejor amiga de la preparatoria creó una página web para hablar sobre lo que había hecho Marie, incluso subió una foto de Marie. Marie llamó a su madre adoptiva y la enfrentaron juntas, y la chica eliminó la página web, pero el daño estaba hecho.
Marie siempre había encontrado un hogar con Shannon, su anterior madre adoptiva, en su casa con su esposo. Sin embargo, tras lo ocurrido, ella fue quien le dijo a Marie que podía visitarlos siempre que quisiera, pero que ya no podría quedarse a dormir, puesto que, "si había inventado una historia, ¿por qué no inventaría otra?".
A finales de agosto, Marie recibió en su buzón un sobre. Al abrirlo, se enteró de que iban a acusarla. Se encontraba citada por "Denuncia falsa". Marie estaba destrozada, pues, a pesar de ceder ante lo que le exigía la policía, ahora se encontraba acusada. Por más que trataba de pasar de página, parecía cada vez más imposible para ella.
El departamento de policía no realizó la revisión obligatoria, no se requirió la firma del fiscal. El subinspector Mason rellenó el citatorio y lo firmó él mismo. La decisión de acusar a Marie era únicamente suya. El kit de violación y todos los archivos del expediente de Marie serían eliminados, tras la desestimación del caso, siguiendo el protocolo del departamento.
El día de la lectura de la acusación, Marie no se presentó en el juzgado. La no comparecencia es un delito, por lo que se emitió una orden de arresto en contra de Marie. Se fijó un nuevo día para la lectura de la acusación. No era común que acusaran a personas por denuncias falsas, el abogado James Feldman se sorprendió por este hecho y supuso que la policía se había sentido engañada.
Después de una serie de aplazamientos y nuevas fechas, se le ofreció a Marie un acuerdo que consistía en cumplir determinadas condiciones durante un año, después se retiraría la acusación por la denuncia falsa.
Las condiciones del acuerdo eran acudir a terapia por haber mentido, libertad condicional vigilada, no infringir más leyes y pagar quinientos dólares por los costos del juicio. Al abogado de Marie le pareció una buena oferta, Marie quería dejarlo todo atrás. Por lo que en marzo acudió al juzgado, acompañada únicamente de su abogado, y aceptó el acuerdo.
No fue hasta años más tarde que su caso fue reabierto.
Cuando las detectives Edna Hendershot y Stacy Galbraith, investigando casos diferentes, se encontraron con similitudes entre los casos, dedujeron que se trataba del mismo agresor. Poco a poco, la investigación se vio cada vez más completa, hasta llegar a evidencias contundentes que dieron con una dirección. En esta dirección fueron encontradas múltiples fotos de mujeres amordazadas y sometidas, así como objetos reportados como robados de los hogares de las víctimas. Entre ellos, una cámara rosa, que pertenecía a Marie. También encontraron fotografías de ella. Finalmente, hubo evidencias claras de que ella había dicho la verdad desde el principio.
"Quizá algún pequeño detalle fuera contradictorio, pero en todas las versiones un hombre entraba en mi casa y me violaba".
Resolución
Finalmente, lograron aprehender al agresor, Marc O'Leary, un hombre de 1.89 m, ex militar estadounidense, cuyo modus operandi consistía en usar máscara y guantes que protegían su identidad, cuyos objetivos eran mujeres que vivían solas, y en forzar la entrada, a mendo ventanas o puertas corredizas. Asimismo, amenazas y coerción antes, durante y después de la agresión para controlar a sus víctimas. Robo de objetos utilizados durante la agresión y trofeos personales, manipulación de la escena del crimen y, por supuesto, violación. Después de violar a la víctima, las obligaba a darse un baño para eliminar los rastros de su ADN.
El modus operandi de O'Leary fue objeto e estudio por parte de investigadores y expertos de criminología, y su caso se utilizó para mejorar las técnicas de investigación y persecución de delitos sexuales.
Esta serie de casos llevó a mejoras significativas en la resolución de casos de agresión sexual. Entre ellas, la creación del kit de violación, un conjunto de pruebas físicas recopiladas de las víctimas de violación. El caso de O'Leary fue uno de los primeros en ser ingresado en el ViCap (Programa de Análisis de Víctimas de Crímenes Violentos), perteneciente del FBI. Este programa analiza y compara los patrones de comportamiento de criminales violentos, lo que permite a las y los investigadores identificar similitudes entre los casos y conectar a una persona como responsable de ellos.
También se vieron cambios en la forma de tratar los casos de violación. Los departamentos de policía comenzaron a adoptar enfoques más sensibles y efectivos, incluyendo la capacitación de oficiales para tartar con víctimas de violación.
Marc O'Leary fue condenado por una serie de violaciones en Colorado y Washington. Fue condenado a 347 años de prisión por los delitos de violación, robo y allanamiento de morada, sin posibilidad de libertad condicional y fue ingresado en el registro de delincuentes sexuales.
La condena de Marie fue absuelta los costos judiciales de $500 dólares fueron reembolsados. Finalmente recibió un acuerdo de $150 000 dólares tras demandar a la ciudad de Lynnwood.
El caso de Marie, -que es el caso central del libro, pero no el único caso de violación de Marc O'Leary-, nos lleva a cerrar los ojos y sentir el terrible dolor de la injusticia que sufrió, tanta presión y dolor que no debió haber sentido, incluso después de la agresión. Es indignante pensar en todos los obstáculos a los que se enfrentó en su búsqueda de justicia. Es indignante pensar en la realidad de estos hechos, que ocurrieron de verdad. Es terrorífico pensar que nada de lo ocurrido es ficción.
A Marie la violaron, la provocaron, le robaron, le mintieron, estudiaron sus reacciones para descartar sus declaraciones. Fue continuamente violentada por el departamento de policía, quienes debían haberle proporcionado seguridad y ayudado a encontrar al culpable.
"Hendershot la entendía. Había llevado más de cien casos de violación y sabía lo difícil que era hablar del tema -hasta tal punto que muchas mujeres preferían no denunciar-. Uno de los principales motivos era el miedo a que no les creyeran."
Cuestionan por qué no dijiste antes, cuestionan por qué lo dices en ese momento, cuestionan por qué reaccionaste cómo lo hiciste, cuestionan por qué no reaccionaste de otro modo, cuestionan por qué no das todos los detalles de la agresión que sufriste, cuestionan la veracidad de los detalles una vez que los dices. Las víctimas de violación, acoso y agresiones sexuales en general, se ven sometidas al escrutinio de aquellos quienes miran, de quienes deben ayudarte, de todos quienes les rodean.
No perpetuemos este patrón; en lugar de juzgar y dudar, centrémonos en escuchar y acompañar.
Las agresiones sexuales son algo que sucede cada día. A Marie la agredió un hombre que no conocía, pero no siempre sucede de esta manera. En la mayoría de los casos de violación, el agresor es una persona cercana a la víctima, por ejemplo, un familiar.
Hablar y leer sobre temas como la violación es importante para crear conciencia, para romper el silencio y crear espacios seguros para que víctimas puedan hacerlo; para prevenir la violencia y brindar apoyo a las víctimas.
La educación sexual es fundamental para prevenir abusos y agresiones, puesto que ayuda a prevenir embarazos no deseados e ITS, así como a posponer el inicio de la vida sexual y a identificar anomalías y comportamientos perjudiciales para la salud sexual y reproductiva.
En el caso de niñas y niños, es fundamental enseñarles a nombrar las partes de su cuerpo, a que nadie debe tocar sus partes íntimas, a decir no, a no guardar secretos y a pedir ayuda.
El libro nombra sus fuentes y menciona las entrevistas realizadas para la escritura del libro.
Invito a leerlo y a informarnos sobre el tema. Es vital la concientización sobre la violación y las agresiones sexuales en general, es fundamental que aprendamos a no tratar a la víctima como sospechosa y a brindar un espacio seguro a quienes sufren estas agresiones y a quienes tienen la valentía para contarlo.

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